Luces y sombras en los 35 años del Mercosur
Mucha agua ha pasado bajo el puente, pero luego de años de desaciertos, desencuentros y hasta enfrentamientos armados con países hermanos -no olvidemos el conflicto bélico con Chile en 1978, países gobernados por los dictadores Videla y Pinochet, inminente guerra evitada por el entonces papa Juan Pablo II y el eficiente trabajo de su enviado, el Cardenal Samoré- los principales países de la región lograron consumar un hecho histórico.

El 29 de julio de 1986, en la ciudad de Buenos Aires, los presidentes Raúl Ricardo Alfonsín, de la Argentina, y José Sarney del Brasil, firmaron los acuerdos económicos de integración mutua que sirvieron de base para la creación del Mercado Común del Sur, el Mercosur, el que la quinta economía del planeta pasó a encaminarse a un proceso de incertidumbre llevado a cabo por las políticas neoliberales gobernantes.
También en el mundo se trató de una etapa de integraciones importantes. El siguiente 29 de julio, en 1987, los entonces presidentes de Francia, François Mitterrand, y la primera ministra del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Margaret Thatcher, firmaron el tratado que permitió construir el túnel que bajo el Canal de la Mancha (Eurotúnel) permitió unir por tierra ambos países y, de hecho, a casi toda Europa. Y ese mismo 29 de julio de 1987, los entonces primeros ministros de la India y de Sri Lanka, Rajiv Ratna Gandhi y Junios Richard Jayewardene, respectivamente, firmaron el Tratado Indo-Esrilanqués.
El Mercosur fue un proceso al cual luego se sumaron el Uruguay y el Paraguay, y hubo intentos fallidos de adhesión por parte de Bolivia y de Venezuela, que no terminaron de concretarse, mediante los cuales se trató de avanzar hacia el objetivo integrar a toda la América del Sur. Los retrocesos sufridos en la región de gobiernos populares como los del Brasil, Ecuador, Chile, Uruguay y Argentina, entre otros, fue una de las causas.
Protagonismo chaqueño
El objetivo del Mercosur fue el de propiciar un espacio común que facilitara el comercio y las inversiones, otorgando competitividad a nivel internacional a todos ellos. Dentro de ese criterio también se dotó a las relaciones de una amplitud cultural, como que de considerarse inicialmente como idiomas oficiales de trabajo el castellano y el portugués, a partir de 2006 se incorporó también el guaraní, la lengua que hablan los pueblos originarios que habitan una amplia zona común.
La clara postura de Alfonsín y Sarney ya había quedado de manifiesto en 1985, cuando emitieran la declaración de Foz de Iguazú y se concretó el 26 de marzo de 1991, cuando los cuatro presidentes firmaron el acuerdo definitivo, el llamado “Tratado de Asunción”. Fueron ellos Carlos Saúl Menem, por la Argentina; Fernando Alfonso Collor de Mello, por el Brasil; Andrés Rodríguez Pedotti, por el Paraguay; y Luis Alberto Lacalle, por el Uruguay, este último el padre del actual presidente uruguayo, Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou. Este mandatario es poco afecto a la unidad latinoamericana y más propicio a “cortarse solo” y negociar con las grandes potencias en detrimento de las economías regionales, tal como lo hizo el expresidente argentino Mauricio Macri durante su gobierno, que concluyó con un estrepitoso fracaso, no solo en el marco económico, sino en muchos otros aspectos harto conocidos.
Las metas eran ir eliminando barreras aduaneras entre los cuatro países y a posteriori sumar a otros, como sucediera en su momento con Venezuela, bajo la gestión de Hugo Rafael Chávez (luego suspendida) y posteriormente a Bolivia, liderada por Juan Evo Morales, que inició su proceso de adhesión en 2015 y avanzó en su integración en 2019, la quedó postergada por el derrocamiento ilegal de Evo Morales.
En fecha reciente, el presidente argentino Alberto Ángel Fernández planteó nuevamente a las autoridades bolivianas la conveniencia de concretar esa integración como miembro pleno. Fernández y el paraguayo Mario Abdo Benítez son actualmente los mayores defensores del acuerdo regional. La refundación y/o refuncionalización del Mercosur es una cuenta pendiente que se deberá resolver a la brevedad para no quedar fuera del contexto económico global y defender en conjunto los intereses regionales.
Si bien la idea de una unión económica suramericana había surgido del gran economista argentino Alejandro Ernesto Bunge, de cuyas enseñanzas se aprovechara Juan Domingo Perón, el paso concreto partió de las dos principales potencias regionales, la Argentina y el Brasil, que pusieron en marcha una nueva etapa de la diplomacia buscando acuerdos políticos y prosperidad económica para todos los vecinos. Por ello se sumó al Paraguay y al Uruguay y ya, con los gobiernos de Néstor Carlos Kirchner en la Argentina y de Luiz Inácio Ferreira “Lula” da Silva en el Brasil, se buscó sumar también a Bolivia y Venezuela, algo posteriormente frustrado hasta el presente.
Las llegadas al gobierno brasileño de Jair Bolsonaro y del argentino Macri cambiaron los planes, en el caso de los dos socios mayores, y más recientemente se sumó a ello Lacalle Pou en el Uruguay. Con Alberto Fernández en la Argentina se busca un retorno al proyecto original, y por ello se retomaron las conversaciones con Bolivia. De todos modos, el comercio argentino-brasileño se mantiene, aunque con mermas, en importante nivel.
El Chaco posee en ese marco una posición territorial estratégica, dado que es parte del “Corredor Bioceánico”, ruta que atraviesa el continente y por la cual transitan gran parte de los productos que se comercializan en la región. El corredor nace en Brasil y culmina en el puerto de Iquique, en Chile, sobre las aguas del Pacífico, desde donde parten en busca de los mercados emergentes del Asia.
La superficie territorial sumada de los países miembros del Mercosur alcanza a los 14.869.775 de km2 y su población supera los 295 millones. En este territorio se encuentra el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta.
La llamada “unidad latinoamericana” fue el sueño de muchos de nuestros próceres, entre los más destacados San Martín y Bolívar, que ya soñaban hace doscientos años con el concepto de “Patria Grande” para defender la región de la voracidad de las potencias del Norte.
Sería mezquino de mi parte no mencionar la permanente labor del senador nacional Luis Agustín León, dirigente radical chaqueño, quien fue defensor de la integración continental, principal impulsor del Parlamento Latinoamericano y presidente del mismo en distintos periodos.
El Mercosur llegó a tener su agencia de noticias, la que era administrada por Télam desde la Argentina, con la participación de colegas de otros estados miembro. Su gran impulsor fue Martín Granovsky (periodista y escritor), hoy funcionario de la Cancillería, siendo presidente de Télam. El secretario general de Mercosur Noticias fue Fernando del Corro, quien luego durante algunos años ocupó la jefatura de redacción de “El Diario” (hoy “El Diario de la Región”), medio colega de este matutino, a quien tuve como compañero y jefe durante ese periodo, a principio de los años noventa.










